Foto de Pau San Clemente, cedida por Roca editorial

Cada cierto tiempo nace una de es@s escritor@s llamad@s a ser un referente, una línea que resulta difícil atravesar porque no está a nuestro alcance. Ese es el caso de Elia Barceló, una de las escritoras más importantes en lengua española que existen en estos momentos.

El caso de la de Elda, es un caso extraño, un caso de esos que no pueden explicarse fácilmente: Elia es una best seller en Alemania, pero en España daba contra eso, que tan de moda pusieron mujeres como Carmen Martín Gaite, que llaman el “techo de cristal”. No es fácil vender en España, lo sabemos todos los que nos dedicamos a esto de una manera u otra; tampoco es fácil que te tomen en serio en este país si  no eres hombre o tienes apellido compuesto. Pero lo de Elia tenía que tener fin y lo ha tenido.

Nosotros le publicamos La Maga y otros cuentos crueles hace un par de años (si no lo habéis leído aún deberíais porque es un curso de relato exprés. En este libro Elia reúne algunas de sus obras cortas más impactantes. Con él ganó/ganamos El Premio de la crítica de Valencia en 2016, con él aprendí qué significa “editar un libro”.

Ha llegado Roca editorial y ha apostado por ella como nadie lo había hecho, como todos debieron hacerlo. Con El color del silencio, Elia se subió, por fin, a la lista de los más vendidos en nuestro país y espero, sinceramente, que ya jamás se baje de se pequeño escalón que le ha hecho agrietar, al menos, aquel “techo de cristal”.

Hoy traemos una entrevista a Elia Barceló que espero leáis con atención porque Elia es buena literatura, sí, pero también es sinceridad, generosidad y humildad. Cosas que tod@s deberíamos aprender antes de sentirnos escritor@s.

1.- Elia Barceló lleva ya unos cuantos años escribiendo, ¿Qué te lleva a seguir haciéndolo: el dinero, la fama, las dos, quizá…?

Si esto fuera una entrevista cara a cara, ahora me oiríais reírme. ¡Suena tan curioso eso de la fama y el dinero en relación con la escritura! Yo me he pasado una vida trabajando en la universidad precisamente porque para mí siempre estuvo claro que la escritura –al menos durante muchos años, hasta que, si hay suerte, te vas consolidando en el panorama editorial– no te permite vivir de ella, y de ese modo, teniendo un trabajo estable con un sueldo fijo, me estaba pagando mi libertad de escribir lo que quisiera y cuando quisiera. Ahora ya, después de tantos años, con los hijos mayores, un cierto prestigio literario y traducciones a otros países, ya puedo plantearme una dedicación exclusiva a la escritura.

Pero para contestar a tu pregunta: escribo porque me encanta escribir, inventar y contar historias, y darlas a otras personas para sorprenderlas, para darles placer. Lo que más me gusta de este oficio –y digo oficio, no profesión, con toda conciencia– es el mero hecho de escribir, de juntar palabras para que en la mente de un lector aparezcan imágenes, conversaciones, pensamientos… para que el que lee pueda ver el mundo durante un rato por otros ojos. Claro que es muy bonito que te paguen por tu trabajo, y viajar a festivales y ferias del libro, y ganar algún premio o tener buenas críticas, y firmar ejemplares, pero lo realmente maravilloso es estar en tu estudio, frente a tu ordenador, y saber adónde vas con tu historia, y escribirla. Eso es lo mejor del mundo y quiero seguir haciéndolo toda la vida, hasta que no pueda más.

2.- ¿Cuál es el libro al que más cariño le tienes?

¡Qué difícil! Cada uno tiene su gracia y lo quiero de otra manera, pero uno de mis favoritos de la línea fantástica es El secreto del orfebre, una agridulce historia de amor. Y en la línea realista, además de Disfraces terribles, al que le tengo muchísimo cariño, la novela que presento ahora: El color del silencio, que, como es la última, es la que más presente está en mi corazón y mi cabeza.

3.- Eres una gran amante de Julio Cortázar, ¿cuánto tienes de él?

Espero que algo se me haya pegado a fuerza de leerlo, de analizarlo, de disfrutar de su manera de ver el mundo y de re-crearlo a través de su palabra. Supongo que cuando a uno le gusta mucho otro escritor una parte de ese entusiasmo se debe a que nos parecemos de algún modo. Yo también, igual que él, veo el mundo como un lugar misterioso y extraño, sorprendente, donde pasan cosas que uno nunca se espera; también comparto el concepto de la esfericidad del cuento, de su autonomía. Y, sobre todo cuando escribo relatos, noto mucho su influencia. En las novelas, no. Ahí ya no hay nada suyo.

4.- Has tocado todos los géneros, ¿es porque nadie en el mundo editorial te ha dicho que hay que encasillarse?

Me lo han dicho un millón de veces y sé que lo que yo hago es casi lo más tonto que se puede hacer en términos de marketing. Tanto editores como lectores y críticos lo que quieren de un autor es “más de lo mismo”. Si a uno le ha gustado una novela negra de un autor determinado, se compra la siguiente buscando algo similiar, y si entonces se encuentra con una novela histórica donde no hay un solo asesinato, o una novela de ciencia ficción distópica, eso lo descoloca y, por buena que sea la novela, tiene la sensación de que no era eso lo que él o ella quería leer.

Pero yo no puedo evitar que se me ocurran historias de diferentes géneros porque mis historias vienen de la vida y la vida no tiene géneros. En el mismo día uno puede verse en situaciones como sacadas de una novela rosa y de una de terror y de un thriller o una costumbrista o una tragedia. Todo es realidad y, al fin y al cabo, la realidad es la cantera de la que el escritor saca sus materiales para construir tanto sólidas casas de campo como delicados palacios de fantasía.

Me propusieron en una ocasión escribir diferentes géneros con diferentes seudónimos, pero me pareció muy complicado. Mi ilusión, puestos a pedir, sería que los lectores que leen lo que escribo disfrutaran precisamente de la variedad de temas, estilos y géneros, que quisieran comprar la nueva novela de Elia Barceló porque es la nueva novela de Elia precisamente, en plan “a ver con qué nos sorprende ahora”. La visión del mundo es la misma, la voz, el aliento… Si eso les gusta… solo cambian los temas.

5.- ¿Cómo se ve desde Austria el mundo literario español?

Ahora, por fortuna, se ve mucho más que hace veinte años, porque ahora tenemos internet y redes sociales. Antes yo solo podía seguir lo que estaba pasando a través del suplemento de El País, cuando llegaba, que no era siempre, y las suscripciones a un par de revistas literarias. Ahora, sin embargo, puedo estar constantemente informada (a veces demasiado) y darme cuenta de la cantidad de publicaciones que hay –hace poco leí que unas 45 novelas al día–. Me asusta un poco tanto libro y me agobia la sensación de que jamás podré leer ni un diez por ciento de lo que hay, pero me alegro de que haya tanto entusiasmo, y tantas historias nuevas, y tantas pequeñas editoriales emergentes.

Al contrario, no me gusta la tendencia a la consolidadción de monopolios editoriales que acaparan sellos y más sellos; no me gusta la influencia del marketing, cada vez mayor, que fuerza a tratar las novelas, que son obras literarias, culturales, como meros objetos, productos de los que hay que sacar rentabilidad inmediata. No me gusta que los libros nuevos duren tan poco en las librerías, que sean destruidos en cuanto no se venden en las primeras semanas (o sí se van vendiendo pero no tan rápido y en la cantidad que calculaba el equipo de ventas). Siempre he pensado que al menos, en lugar de destruirlos, podrían regalarlos a bibliotecas o grupos de acción cultural para que lleguen a manos de lectores.

6.- El año pasado recibiste el Premio de la Crítica de Valencia, ¿qué significó?

Una gran sorpresa lo primero, porque hasta ese momento la crítica de mi región no me había prestado mucha atención. Si pensaban en mí, solían considerarme autora de ciencia ficción y eso es algo que, para muchos críticos en España –miopes, ellos, los pobres–, sigue siendo una subliteratura a la que no vale la pena conceder tiempo ni esfuerzo.

Cuando me lo comunicaron me puse muy contenta por varias razones: por empezar a ser un poquito “profeta en mi tierra”, por haberlo ganado con un libro de relatos –La Maga y otros cuentos crueles– (cuando todo el mundo dice que los relatos no cuentan ni venden, que sólo las novelas son importantes), y porque ese libro haya salido en una editorial pequeña e independiente –Cazador de Ratas– (cuando también se oye decir que los premios recaen siempre en libros publicados en grandes editoriales).

Ha sido un honor y una gran satisfacción personal.

 

7.- En este mundo, ¿qué importancia tienen los premios?

Los premios son importantes aunque no tengan dotación económica, porque dan al escritor un apoyo moral que muchas veces necesita urgentemente, y no por vanidad, sino porque la mayor parte de los escritores somos seres inseguros que trabajamos en solitario durante muchas, muchas horas todos los días sin recibir ningún tipo de reacción exterior. Por eso nos hace falta que alguien de fuera nos diga alguna que otra vez que lo hemos hecho bien, que aquella obra en la que hemos invertido tanto tiempo, esfuerzo, pensamiento… vale la pena, ha gustado, hay gente que ha disfrutado de su lectura. El concedernos el premio avala la obra y anima a que la lean muchos más.

También, al recibir un premio, durante un par de días, la obra recibe publicidad y hay más personas que se enteran de su existencia. En un país donde se publican cuarenta y cinco novelas al día es realmente muy importante que los medios de comunicación, aunque sea solo durante uno o dos días, destaquen la que tú has escrito y le den un poco de visibilidad.

No vamos a entrar en si muchos de los premios que se conceden actualmente son limpios o no, pero el hecho de que se les dé tanta importancia deja claro que sirven para algo, que ayudan, al menos a vender el libro durante un tiempo.

8.- ¿Cuántas veces has pensado en tirar la toalla?

Jamás.

En mi experiencia, los que lo dejan lo hacen porque tienen unas ilusiones muy claras en la cabeza (y, en mi opinión, muy poco realistas) sobre lo que quieren conseguir: la fama universal, a ser posible ya con la primera novela; unos ingresos considerables y que no fluctúen apenas; el reconocimiento de público y crítica; constante presencia mediática; que todo el mundo, desde el empleado de la gasolinera hasta el ministro de sanidad lo reconozca por la calle y le pida autógrafos.

¿Por qué iba a yo a pensar en tirar la toalla si mis metas nunca han sido esas? Considerando mi forma de entender la dedicación a la escritura, dejar de hacerlo sería abandonar algo que me da mucha alegría y satisfacción personal solo porque a otros quizá no les parece lo bastante bueno o porque no me proporciona ingresos millonarios. Escribir es, para mí, una meta en sí misma. Y además he conseguido, poco a poco, con el tiempo, hacerme un hueco en el panorama literario de varios países, tener unos cuantos miles de lectores en varias lenguas, publicar lo que escribo independientemente de su género, ganar unos cuantos premios… Estoy muy agradecida por todo ello, ¿qué más podría pedir?

9.- Vamos a retroceder en el tiempo: Elia Barceló es una niña alegre, curiosa, con ganas de aprender, de vivir, se acerca su madre y le pregunta qué quiere ser de mayor, ¿qué responde esa niña?

Hasta los doce o trece años habría contestado que quería ser astronauta; mi mayor deseo irrealizable sigue siendo, incluso hasta el día de hoy, salir del planeta y verlo desde fuera, flotando en el espacio. Luego me fui dando cuenta de que, siendo española y mujer, tenía más bien pocas posibilidades y más me valía ir pensando en otra cosa. Además, a los catorce años, cuando había que elegir entre ciencias y letras, después de sufrir mucho decidiendo, me apunté a letras, con lo cual los sueños de ser astronauta desaparecieron para siempre. Ese mismo año nos hicieron un test psicológico en el instituto para orientarnos en la elección profesional y allí, al responder a la pregunta de tres profesiones que podría imaginarme para mí misma escribí: escritora, profesora y guía de turismo. La respuesta fue que tenía aptitudes para las tres. Increíblemente fue justo eso lo que hice después y he seguido haciendo a lo largo de mi vida, ya que incluso lo de guía lo he hecho muchas veces llevando grupos de estudiantes a España o a museos y monumentos en Austria.

Foto de Pau Sanclemente, cedida por Roca editorial.

10.- ¿Qué echas de menos del modelo antiguo de edición y qué te alegra que haya desaparecido?

A mí me siguen gustando las galeradas en papel, no las correcciones en Word con todo el texto lleno de flechas, marcas, colorines y nombres de todos los que lo han revisado. Por eso, cuando recibo el texto, lo imprimo y lo trabajo en papel. No se trata de que no me gusten los ordenadores; no es así, yo siempre escribo en ordenador.

Lo que me encanta de las posibilidades actuales es que, cuando tengo una novela lista para enviar, puedo hacerlo desde mi casa, sin tener que salir a la calle y mandarla en una caja por correo. Y me parece maravilloso poder estar en contacto inmediato con mis editoras, o por e-mail o por WhatsApp, sin retrasos, e incluso quedar para vernos las caras mientras, cada una en su estudio se toma su vino o su café y hablamos de libros. Eso es lo que yo me imaginaba que sería el futuro cuando empecé a leer ciencia ficción, y me preguntaba si llegaría a vivirlo o me moriría antes. ¡Qué suerte he tenido de llegar a tiempo!

11.- En España, el Ministerio ha decidido que es “una tontería” estudiar Literatura Universal, así que lo elimina de la formación de los chavales: leer para qué, ¿no?

Lo que es una tontería es la mayor parte de lo que se está planificando en las programaciones de los colegios. Si lo que quieren es una educación general “práctica”, que “sirva de algo” (no es del todo lo que yo quiero, pero podría entenderlo), deberían enseñar a leer contratos laborales, a calcular préstamos e hipotecas, a entender textos jurídicos complejos casi siempre destinados a engañar al que los lee sin comprenderlos, a solucionar problemas de los que dan los ordenadores, a resolver conflictos interpersonales sin recurrir a la violencia, a pensar y desarrollar su capacidad crítica para que no los manipulen, a tratar por igual a hombres y mujeres, viejos y jóvenes, homosexuales y heterosexuales, blancos y negros, etc. Hay miles de competencias sociales y profesionales que los jóvenes de hoy necesitan desesperadamente y eso no se les enseña en ninguna parte. Pero, eso sí, cuando hay que quitar algo, se quita todo lo que les permite pensar de modo conectado y todo lo que los haría más humanos, sensibles, críticos: la literatura universal, la historia del arte, la filosofía… Se les quita el entrenamiento en la belleza y la empatía, ¿a cambio de qué? Porque los científicos también protestan, diciendo que cada vez aprenden menos y peor en las disciplinas científicas. Y cuando los perpetradores de esos programas escolares se justifican diciendo que ahora se concede mucha más importancia a las lenguas extranjeras y al bilingüismo la cosa es para partirse de risa porque, en mi experiencia directa, la enseñanza de lenguas es lamentable: la mayor parte de los estudiantes no pueden hacerse entender ni siquiera en inglés.

Entonces, ¿qué están haciendo eliminando asignaturas?

No sé qué se pretende haciendo cosas como quitar la literatura universal de los programas (¿ya no importa conocer a Shakespeare, a Balzac, a Tolstoy, a Kafka, a Poe?), pero sí sé que nuestros jóvenes se van a empobrecer, a embrutecer, y me da miedo que luego sean esas generaciones las que decidan sobre la nuestra, cuando seamos muy viejos y no podamos defendernos.

 

12.- Dime tres libros que no debería dejar de leer por nada del mundo.

¿Sólo tres? A ver…

“1984”, de George Orwell. “La plaza del diamante”, de Mercè Rodoreda. “El mago”, de John Fowles.

 

Ahora, Elia se encuentra de promoción con su nueva novela, El color del silencio que yo, de vosotros,  no dejaría de leer.

16 de julio de 1936, Islas Canarias. Una muerte que abrirá las puertas al levantamiento militar y a la Guerra civil española.

20 de julio de 1969, Rabat, Marruecos. En el jardín de una casa señorial, un grupo de artistas y gente del mundo de la moda francesa celebran el alunizaje. Un asesinato que quedará sin resolver y destruirá una

familia.

Madrid, época actual. Una mujer busca respuestas a lo que sucedió.

Elia Barceló regresa a las librerías con una novela que entronca con la línea de sus anteriores obras realistas como Disfraces terribles o Las largas sombras, ambas grandes éxitos en Alemania y Holanda. El color del silencio viene a demostrar que no sólo es una de las autoras más prestigiosas del género fantástico y de ciencia ficción en lengua española, sino que ante todo, ella es una escritora que no necesita etiquetas para imponerse en la narrativa española. No en vano se la considera la más versátil de las autoras actuales, lo que le ha valido el sobrenombre de “la dama de los mil mundos” (R. Ruíz, Babelia)

La noche del 20 de julio de 1969, mientras la humanidad entera miraba hacia el cielo celebrando que Neil Armstrong estaba a punto de pisar la superficie de la luna y la familia Guerrero-Santacruz ofrecía una fiesta a sus amigos en el jardín de su finca de Marruecos, la hija mayor, Alicia, era violada, golpeada y asesinada en una playa de Rabat. Cincuenta años después, Helena, su hermana, sigue martirizándose con aquel 

crimen. Pero ahora, cuando ya es una pintora de renombre internacional que vive en Australia, el viaje que la trae de vuelta a Madrid le dará ocasión de intentar resolver el misterio.

El color del silencio es un thriller literario con elementos históricos que narra la investigación de una mujer,Helena Guerrero, que, a sus sesenta y ocho años, continúa marcada por el remordimiento de no haber podido salvar a aquella hermana que, en 1969, salió de La Mora, la mansión que su familia tenía en Rabat,para ir a recoger unas telas y nunca regresó. Aquel crimen destrozó a toda la familia e hizo que cada uno de sus miembros tomara una deriva que, en la mayoría de los casos, terminó en tragedia. Así, el padre se suicidó llevándose a la tumba ciertos secretos políticos, la madre agonizó hasta una vejez cargada de amargura y la propia Helena abandonó a su familia para, a través del arte, tratar de exorcizar los demonios que la asediaban.

 

 

 

Elia Barceló, la maga de la literatura en español
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